Algunas historias importantes han recientemente aparecido sobre desacuerdos entre los comandantes militares y el gobierno de Bush sobre si comenzar un retiro significativo de las fuerzas estadounidenses de Iraq en el 2006. Un desarrollo relacionacionado con lo anterior es el llamado reciente a un retiro inmediato hecho por el representante John Murtha (D-PA). Murtha es un combatiente veterano quien también es considerado un halcón militar y uno de los congresistas más cercano aliado los cuerpos de oficiales de más alto nivel.
Las organizaciones por la paz han rápidamente agregado el nombre de Murtha a la creciente lista de quienes claman por el fin de la ocupación de Irak por parte de los Estados Unidos, pero han prestado escasa atención al verdadero significado de su voz y a las muy poderosas implicacions de las historias sobre la insatisfacción de los comandantes militares con su misión.
Un análisis más profundo de estos desarrollos y asuntos relacionados puede brindar lecciones imporantes sobre cómo el movimiento por la paz puede acelerar el fin de la ocupación y proactivamente ir más allá de la limitada meta de terminar con la guerra.
Generales militares y el movimiento por la paz
Desde hace un par de años, algunos de nosotros han estado sosteniendo que el momento crucial para el movimiento por la paz vendrá cuando se reconozca que la organización contra el reclutamiento es la forma más práctica de afectar de forma tangible a la política internacional de los Estados Unidos.
El argumento se basa en una lógica simple pero poderosa: el gobierno de Bush y el Congreso dominado por los conservadores pueden continuar ignorando las manifestaciones contra la guerra y otras formas de protesta simbólicas, pero no pueden ignorar el hecho de que sin suficientes soldados, es imposible mantener una gran ocupación a largo plazo en un país como Irak.
Adidionalmente, otra asunción plantea que si el clima del reclutamiento se vuelve lo suficientemente hostil, el liderazgo militar preverá un un serio y a largo plazo daño tanto en el funcionamiento como en la influencia de la institución y por lo tanto actuará para proteger sus intereses. La combinación de la crítica de los líderes militares y de sus aliados en el Congreso podría entonces producir una crisis que forzaría una rápida retirada de Irak y que de forma semejante también llevaría a la disminución de otras invasiones estadounidenses en la región. En esencia, un "síndrome de Irak" sustituiría al fallecido "síndrome de Vietnam."
En meses recientes, algunos elementos de esta ecuación han comenzado a coincidir. Luego de una estrepitosa caída del número de alistamientos de jóvenes que lo hacían por vez primera durante el pasado año fiscal, las tasas de re-alistamiento están cayendo ahora bajo la cuota, y algunas partes de las fuerzas, especialmente de la Ejército, continuan cayendo más allá de las tasas de reclutamiento general. Las perspectivas para cambiar el curso de esta tendencia parecen ser extremadamente pobres para el 2006, y de acuerdo a los comentarios hechos por militares al interior de las Fuerzas Militares, el Pentágono está comenzando a entrar en estado de pánico. Aparentemente, esto está forzando al gobierno de Bush on its “stay the course” approach y a comenzar a hablar sobre la reducción de tropas en un futuro cercano.
Los periodistas Paul Richter y Tyler Marshall escribieron lo siguiente en un artículo en Los Angeles Times titulado “ Los Estados Unidos comienza a sentar las bases para un retiro significativo de las tropas de Irak.”
Algunos analistas piensan que el daño potencial a largo plazo a las Fuerzas Armadas, no la presión política, podría ser el factor decisivo para Bush y sus asesores.
Andrew Krepinevich, un oficial retirado del Pentágono, quien encabeza el Center for Strategic and Budgetary Assessments ( Centro para el Asesoramiento Presupuestario y Estratégico), un grupo independiente de investigación de defensa, argumenta que estas presiones se han convertido en un factor clave informando el pensamiento del gobierno.
A diferencia de la época de Vietnam, cuando los militares tenían fuentes de reclutamiento casi infinitas, la experiencia de Irak ha reducido mucho el flujo de la recluta dentro de las fuerzas armadas voluntarias y las bajas en las tasas están alarmando mucho, plantea Krepinevich.
Otros factores, tales como las restricciones federales sobre la frecuencia de los despliegues de la Guardia Nacional, también disminuye la disponibilidad de personal.
Los analistas creeen que este verano, las diferencias entre la Casa Blanca y algunos de los comandantes militares sobre las reducciones de las tropas fueron el resultado de estos problemas. Pese a que las divisiones permanecen dentro del gobierno, hay señales crecientes de que Bush puede estar calculando que un retiro más rápido pueda traer menos riesgos a largo plazo.
“Creo que el gobierno se enfrentará la realidad de un Ejército que está aparentemente comenzando a desmoronarse bajo la presión de estos despliegues a largo plazo," dijo Krepinevich.
El problema para los líderes militares que desean expresarse públicamente sobre este asunto es que en la medida en que aún son oficiales activos, las convenciones y leyes militares restringen sus expresiones públicas sobre el asunto porque podrían ser consideradas como socavando la autoridad del comandante en jefe, George W. Bush. Si desean evitar riesgos legales y profesionales por hablar públicamente, deben hallar formas indirectas de comunicar sus críticas. Esto es, de hecho, lo que dicen algunas figuras internas del Pentágono que se ha estado haciendo a través del Rep. Murtha. Como lo hizo notar Alexander Cockburn en un texto colaco en CounterPunch.org, “El inmenso significado del discurso del Rep. John Murtha's del 17 de Noviembre llamando a un retiro inmediato de Irak corresponde a que éste indica un cierto amotinamiento en los cuerpos de los oficiales más antiguos de los Estados Unidos” (Ver “La Revuelta de los Generales,” Counter Punch, Dec. 3, 2005.)
Incluido en el discurso de Murtha se encontraba el siguiente planteamiento, sin duda basado en las quejas que recibía de sus informantes del Pentágono:
El futuro de nuestro ejército está en riesgo. Nuestro ejército y nuestras familias están íntimamente unidos. Muchos ven que las Fuerzas Armadas están quebradas. Algunas de nuestras tropas están en su tercer despliegue. Los reclutamientos han disminuido aunque los requisitos de los militares han bajado su nivel. Esperan reclutar un 20 por ciento de la categoría 4, que es la categoría más baja [inteligencia] que jamás hayan tenido. Se han visto forzados a hacer tal cos para tratar de encontrar una cuota reducida.
Algo que ha hecho temporalmente el Ejército para tratar de evitar que la crisis de reclutamiento se transformara en una bola de nieve ha sido el bajar las cuotas de reclutamiento para la primera parte del año 2006 ( (33% menos que el mismo período en el 2005). Esto y la aceptación de un mayor número de reclutas menos calificados ha permitido proclamar el éxito de haber alcanzado las cuotas; pero esto es realmente solo un movimiento de relaciones públicas temporal dado que los números reducidos deberán compensarse luego, a lo largo del año. Una sólo puede presumir que el Ejército está esperando que el clima de la recluta cambiará para ese momento, y más gente joven estará dispuesta a alistarse. Pero excepto otro gran ataque en territorio estadounidense, la única cosa que parece poder traer dicho cambio es un retiro significativo de las tropas de la zona de guerra.
La percepción sobre el tema del Movimiento por la Paz
Todo esto es importante que el movimiento por la paz lo entienda porque corrige las presunciones simplistas que se han hecho con frecuencia desde la Izquierda que Bush, Cheney y los neconservadores están en total control y se saldrán con la suya. Si se mantiene esta visión, la ocupación de Irak durará por lo menos una década, Irán y Siria serán atacadas, probablemente tendremos una "draft" (conscripción), y, en el otro extremo, algunos hasta dicen que el fascismo será el inevitatable resultado. De todas maneras, la realidad muestra que las diferencias entre los generales y los políticos no es tan monolítica como mucha gente cree, y que la estructura de poder tiene facciones que frecuentemente están seriamente en oposición.
Como lo hemos estado viendo, hay límites a las aspiraciones a los planes de Bush y los neconservadores de llevar adelante una hegemonía global cuando los recursos para hacerlo están disminuyendo. Afortunadamente, estamos en posición de poder contribuir a disminuir estos recursos SI aplicamos nuestros propios esfuerzos en enfocarnos con mayor capacidad y un compromiso más fuerte en contrarrestar el reclutamiento militar. Esto más bien limitaría la capacidad del gobierno de promover otras guerras agresivas y, al mismo tiempo, dar a los generales más motivos para esencialmente convertirse en aliado a corto plazo.
Una señal esperanzadora es que los activistas por la paz de los colegios y de las comunidades han estado dando últimamente más atención al enlistamiento militar. Por ejemplo, durante los dos últimos años se ha aproximadamente duplicado el número de inscripciones en una lista de discusión para la organización contra el reclutamiento (http://groups.yahoo.com/group/counter-recruitment) llegando a 573, y el tráfico de mensajes de la lista se ha triplicado alcanzando los 334 colocamientos por mes. Todo a lo largo del país, pequeños esfuerzos de grupos de bases están floreciento – algunas veces junto a organizaciones ya existentes contgra la guerra, otras veces de forma independiente de cualquier otro grupo. Su efectividad se observa en el número de colegios que han tightened up el acceso a los reclutadores y han abierto las puertas a los contra-reclutadores, y en los informes de protestas más frecuentes en los puestos de reclutamientos y durante las visitas de los reclutadores en los colegios.
Sin embargo hay dos debilidades en lo que se ha desarrollado hasta el momento. Uno es que el movimiento por la paz en general, incluyendo su base financiera, aún se enfoca en las vigilias, las rallies y otras formas simbólicas de protesta que no están relacionadas directamente al reclutamiento millitar y que no están teniendo efectos concretos. En segundo lugar, entre quienes que están poniendo su atención en el reclutamiento, muchos activistas sólo lo ven como una táctica para oponerse a la ocupación de Irak, y cesará su contra-reclutamiento en cuanto las tropas vuelvan a casa.
Es imperativo darle la más alta prioridad a este asunto y verlo como un punto estratégico más que táctico. El contexto más amplio que lo rodea va más allá de Irak y se relaciona, entre otras cosas, con el estatus de clase económica, raza, etnicidad, inmigración y otros factores socio-económicos que aydan a determinar quien terminará siendo sacrificado en las guerras de nuestro país. Para contestar este aspecto del problema se necesita, por ejemplo, compilar información a nivel de base sobre las alternativas de empleo y educativas que pueden ayudar a disminuir la presión sobre jóvenes para integrarse a las Fuerzas Armadas. Llevar a cabo este paso, como lo han hecho algunos de los más sensatos grupos contra el alistamiento, es una forma importante de forjar enlaces con las comunidades que no han sido tradicionalmente alcanzadas por el movimiento por la paz.
Otro aspecto importante del problema que necesita ser entendido y atendido por el movimiento por la paz es la militarización del sistema educativo que se está llevando a cabo actualmente por parte de las presiones de alistamiento de los militares. El ideal del control democrático, civil está literalmente bajo asalto en la medida en que nuestros colegios están siendo invadidos de forma creciente por programas que enseñan valores militares en lugar de pensamiento crítico a las futuras generaciones de votantes y líderes de gobierno. Programas como Jr. ROTC han tomado por completo los colegios de algunas ciudades y ahora tienen 500.000 estudiantes inscritos como “cadetes” a lo largo de la nación. Unidades de los Jóvenes Marinos se han disperso a lo largo de cientos de escuelas medias, y hay una red creciente de otras asociaciones entre militares y colegios que hacen propaganda entre los estudiantes a lo largo del sistema K-12.
Enseñar valores militares en escuelas civiles no es sólo preparar unos pocos niños para que se en el futuro se conviertan en soldados. Está ya afectando la aceptación del público en general de la guerra como una respuesta válida ante la percepción de un ataque. Es atontar las mentes de los civiles de forma tal que no hagan las más mínimas preguntas cuando el gobierno dice que debemos invadir otro país. Es dar vuelta el país más hacia la derecha y haciendo difícil a la gente la relación directa entre tales decisiones y la falta de servicios de salud, viviendas seguras, trabajos dignos, y una buena educación para todos los que están aquí en casa.
El reto para el movimiento por la paz, entonces, es el reconocer la naturaleza crítica del contra-reclutamiento y la posición de fuerza que nos ofrece si le dedicamos más atención y recursos. Más allá de esto, el contra-reclutamiento debería asumirse como una oportunidad importante para dirigirnos al impacto desproporcionado de la guerra en quienes son política y económicamente menos privilegiados que los miembros tradicionales del movimiento por la paz. Y finalmente, el alcance pleno del problema – incluyendo la militarización general y de la cultura juvenil - debería ser tomado como un asunto a largo plazo, no solamente mientras se subsista la presente crisis militar. Al trabajar por tanto tiempo como sea necesario para revertir la militarización a este nivel, podemos convertirnos en un movimiento por la paz proactivo que sea capaz de prevenir la guerra en lugar de sólo reaccionar cuando se vuelva inevitable hacerlo.
Fuentes de información: Los Angeles Times, 26 de Noviembre de 2005; CounterPunch.org ; Christian Science Monitor, 15 de Diciembre de 2005
Este artículo es de Draft NOtices, el Comité en oposición al militarismo y la recluta (Committee Opposed to Militarism and the Draft) (http://www.comdsd.org)